Resumen
Objetivo. Integrar evidencia producida en Centroamérica y el Caribe sobre obesidad, sus complicaciones y la atención recibida, con énfasis en reconocimiento, diagnóstico, acceso al tratamiento, estigma y carga económica. La contribución de esta revisión consiste en conectar fuentes locales que suelen publicarse por separado y precisar qué parte del recorrido asistencial permanece sin medir.
Métodos. Revisión narrativa crítica de publicaciones originales, encuestas con antropometría, documentos institucionales y estudios económicos. Se efectuaron búsquedas dirigidas por país y tema, verificación de documentos y contraste de definiciones, ámbito poblacional y fechas. Se distinguieron resultados observados, estimaciones modeladas, normas de atención y evidencia internacional de contexto. La heterogeneidad impidió construir una prevalencia regional combinada o un tiempo regional hasta tratamiento.
Resultados. Las encuestas seleccionadas muestran una carga elevada y desigual por sexo, con diferencias sustanciales de antigüedad y población cubierta. La evidencia local conecta adiposidad con multimorbilidad, riesgo metabólico no reconocido, percepción del peso, malestar psicológico y barreras de continuidad. Costa Rica aporta indicadores institucionales de capacidad nutricional; Guatemala, estudios de trayectoria corporal, estigma y esteatosis estimada; Panamá, vigilancia nutricional y una guía clínica adoptada en 2026; el Caribe, encuestas, investigación cualitativa y resultados quirúrgicos. Los estudios económicos disponibles permiten cuantificar costos modelados de sobrepeso y obesidad en países concretos, pero no el costo causal de hospitalizaciones por tratamiento tardío.
Conclusión. La prioridad regional es transformar la identificación antropométrica en diagnóstico clínico y tratamiento sostenido, sin estigmatización. La principal brecha de conocimiento es la ausencia, en las fuentes verificadas, de cohortes comparables que enlacen fechas de diagnóstico, elegibilidad, inicio terapéutico, persistencia y eventos clínicos. Un sistema regional de indicadores de atención permitiría evaluar esa brecha sin sustituirla por supuestos internacionales.
Palabras clave. Obesidad; Centroamérica; Caribe; lipotoxicidad; recorrido del paciente; estigma por peso; carga de enfermedad; acceso a servicios; evidencia del mundo real.
Introducción
La obesidad regional suele describirse mediante estimaciones de América Latina y el Caribe que agregan países con sistemas sanitarios, poblaciones y condiciones sociales muy diferentes. Para la práctica clínica y la planificación de servicios, una cifra continental no informa si una persona en Managua recibe un diagnóstico oportuno, si una mujer en Puerto Príncipe identifica su riesgo metabólico o si una persona en Costa Rica puede completar un programa nutricional. Esas preguntas requieren datos recogidos en los lugares donde se toman las decisiones.
La evidencia disponible permite avanzar más allá de una descripción del IMC. Encuestas nacionales documentan la magnitud de la adiposidad; cohortes y estudios clínicos describen sus consecuencias; investigaciones cualitativas muestran cómo se vive el peso; y evaluaciones institucionales revelan problemas de acceso y continuidad. Sin embargo, esas fuentes no observan necesariamente a las mismas personas ni comparten denominadores. La integración debe conservar esas diferencias para que una asociación local no se convierta indebidamente en una trayectoria causal regional. [1, 2, 3, 4]
Esta revisión propone una lectura clínica y de servicios: la carga comprende exceso de adiposidad, daño metabólico o funcional, experiencia de estigma y obstáculos para recibir atención efectiva. El recorrido no comienza siempre con una consulta por peso. Puede iniciarse con hipertensión, disglucemia, limitación física, alteraciones del sueño o una evaluación nutricional. Reconstruirlo exige distinguir el primer registro de IMC del momento en que se confirma la repercusión clínica y se ofrece una intervención apropiada.
Métodos y alcance de la evidencia
Se realizó una revisión narrativa crítica de tipo estado del arte, con búsquedas dirigidas y verificación entre el 24 y el 27 de septiembre de 2026. Se consultaron literatura indexada recuperable mediante PubMed y Europe PMC, textos originales de revistas, repositorios de ministerios de salud, CCSS, Instituto Gorgas, OPS, OMS y CEPAL. Los términos combinaron obesity, obesidad, adiposity, lipotoxicity, diagnosis, patient journey, waiting time, treatment, bariatric surgery, weight stigma y cost con nombres de países y territorios. Se siguieron referencias pertinentes para recuperar investigaciones locales originales.
El ámbito centroamericano comprende Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Para el Caribe se incluyeron países y territorios insulares con evidencia verificable, incluidos Puerto Rico e Islas Vírgenes de Estados Unidos. Guyana aparece únicamente como integrante de un análisis documental caribeño expresamente identificado. No se incorporaron resultados de México, Sudamérica o población migrante fuera de la región como si fueran datos locales. La afiliación caribeña de un autor tampoco se consideró prueba de que los participantes fueran residentes de la región.
Se priorizaron encuestas con peso y talla medidos y estudios con población, método y resultado identificables. Las fuentes antiguas se retuvieron cuando aportaban evidencia local singular, señalando el año de medición. Para cada resultado se revisaron el desenlace, la edad, la selección de participantes, el alcance geográfico y, cuando estaba disponible, la incertidumbre estadística. Las cifras de expansión poblacional se distinguieron de los tamaños muestrales. Se verificaron títulos y DOI mediante el editor o registros bibliográficos; el anexo de referencias identifica las consultas limitadas al resumen o a texto indexado.
No se realizó un cribado exhaustivo con dos revisores independientes, metaanálisis, evaluación GRADE propia ni registro prospectivo de protocolo. Por tanto, el trabajo no se presenta como revisión sistemática ni como nuevo estudio de prevalencia. La evaluación crítica fue específica al diseño: representatividad y medición en encuestas; selección y confusión en estudios clínicos; contexto y transferibilidad en cualitativos; perspectiva y supuestos en modelos económicos. No se asignaron puntuaciones numéricas de calidad sin aplicar una herramienta formal.
| Categoría | Ejemplos incluidos | Interpretación permitida |
|---|---|---|
| Observación poblacional | Encuestas de Costa Rica, Panamá, El Salvador, Belice, Jamaica, Barbados, Bahamas y Trinidad y Tobago | Frecuencia en la población y período definidos; no promedio regional contemporáneo |
| Observación clínica o de cohortes | INCAP Guatemala, ECHORN, Jaruco Cuba y serie quirúrgica de Trinidad | Asociación o resultado en participantes seleccionados; no extrapolación automática nacional |
| Experiencia y servicios | Estudios de estigma, grupos focales en Puerto Rico y evaluación de atención primaria de la CCSS | Barreras y capacidad documentadas; no equivalen a tiempos de espera medidos |
| Modelación económica | CEPAL con insumos de El Salvador, Guatemala, Honduras y República Dominicana | Costo atribuible estimado bajo supuestos; no gasto hospitalario auditado |
| Marco clínico | Guía de Panamá, norma costarricense y evidencia internacional identificada | Orientación diagnóstica y terapéutica; no demuestra implementación ni cobertura |
Fisiopatología y lipotoxicidad como marco de interpretación
Del tejido adiposo a la disfunción de órganos
El IMC resume masa corporal relativa a la talla, pero no identifica por sí solo dónde se almacena la grasa ni cuánto afecta la función orgánica. La expansión del tejido adiposo puede mantenerse relativamente adaptativa o acompañarse de hipertrofia celular, alteración de la respuesta a insulina, inflamación y liberación aumentada de ácidos grasos. Cuando la capacidad de almacenamiento seguro resulta insuficiente, el exceso lipídico alcanza tejidos no especializados en almacenarlo. La lipotoxicidad describe el daño funcional asociado a ese manejo anómalo de lípidos; no significa que toda grasa corporal ni todo triglicérido sea intrínsecamente tóxico. [5]
Los intermediarios lipídicos, incluidos determinados diacilgliceroles y ceramidas, pueden alterar la señalización de insulina. Se añaden estrés del retículo endoplásmico, disfunción mitocondrial e inflamación. En hígado y músculo, estos procesos favorecen resistencia a insulina; en células beta pueden contribuir a deterioro secretor. Las manifestaciones renales y cardíacas dependen también de hemodinámica, presión arterial, glucemia y otras exposiciones. La relación entre cantidad de grasa, distribución y enfermedad es heterogénea. Esta explicación proviene de literatura mecanística internacional: los estudios regionales citados abajo no midieron directamente todas estas vías moleculares. [6]
Figura 1 De la expansión adiposa al daño metabólico. Esquema conceptual original, sin escala cuantitativa. Los mecanismos son un marco internacional; la asociación con enfermedad regional se evalúa por separado. La grasa hepática estimada mediante una ecuación no demuestra lipotoxicidad molecular. [5, 6, 7]
Qué puede aportar la investigación local
En Guatemala, el seguimiento INCAP de 2015–2017 incluyó 1093 participantes en un análisis de esteatosis. La frecuencia de sospecha de enfermedad hepática grasa fue 56,5%, con 67,4% en mujeres y 39,5% en hombres. El desenlace se estimó con NAFLD liver fat score, no con imagen o biopsia. La ecuación incorpora variables metabólicas; por ello, no puede interpretarse como prevalencia nacional de MASLD ni como evidencia independiente de que la obesidad causó lesión hepática. Es una señal local de riesgo que respalda estudiar métodos confirmatorios y fibrosis. [7]
Otro análisis del mismo seguimiento examinó trayectorias de IMC desde etapas tempranas hasta la adultez en 510 mujeres y 346 hombres. La relación entre trayectoria corporal y riesgo cardiometabólico refuerza la importancia del curso de vida, aunque las pérdidas de seguimiento y el origen en cuatro comunidades limitan la generalización. Los participantes de publicaciones INCAP se superponen: estos artículos no constituyen cohortes independientes que puedan sumarse. La historia de desnutrición, el crecimiento posterior y la adiposidad adulta deben analizarse conjuntamente, sin inferir que prevenir la desnutrición infantil resulte perjudicial. [8]
La fisiopatología regional también requiere reconocer formas coexistentes de malnutrición. Un análisis panameño publicado en agosto de 2026, con datos ENSPA 2019 de mujeres no embarazadas de 15–49 años, estimó 18,6% de coexistencia de sobrepeso u obesidad y anemia (IC95% 15,9–21,7). La asociación con inflamación fue marcada, pero transversal. La anemia no se diagnosticó como ferropenia en todas las participantes y la inflamación no demuestra causalidad. Clínicamente, una persona con exceso de peso puede necesitar evaluación de déficits nutricionales además de reducción de riesgo metabólico. [9]
Magnitud de la obesidad y diferencias dentro de la región
Encuestas que permiten una lectura local
La tabla 2 reúne estimaciones verificadas de obesidad definida por IMC igual o superior a 30 kg/m². Las diferencias de edad, calendario y diseño impiden usarlas como una clasificación de países de mayor a menor riesgo. Tampoco se sumaron sobrepeso y obesidad cuando la fuente utilizaba sobrepeso como categoría inclusiva. En Jamaica, por ejemplo, el rótulo overweight de algunas tablas significa IMC ≥25; por ello, incluye obesidad. [3]
| País o territorio y medición | Población y fuente | Obesidad total | Mujeres y hombres |
|---|---|---|---|
| Costa Rica 2024 | ≥20 años; encuesta nacional CCSS | 32,3% | 38,4% / 26,7% [1] |
| Panamá 2019 | ≥18 años; ENSPA nacional | 35,3% (IC95% 33,8–36,7) | 42,3% / 27,7% [2] |
| El Salvador 2015 | ≥20 años; ENECA nacional | 27,3% (25,0–29,8) | 33,2% / 19,5% [10] |
| Belice 2005–2006 | ≥20 años; CAMDI nacional | 32,0% | 41,9% / 23,1% [11] |
| Jamaica 2016–2017 | ≥15 años; JHLS III nacional | 28,6% (26,8–30,5) | 41,2% / 14,9% [3] |
| Barbados 2012–2013 | ≥25 años; Health of the Nation | 33,8% (30,7–37,1) | 43,4% / 23,4% [12] |
| Bahamas 2019 | 18–69 años; STEPS nacional | 43,6% (39,9–47,4) | 54,8% / 31,8% [13] |
| Trinidad y Tobago 2011 | 15–64 años; STEPS nacional | 25,7% (23,9–27,6) | 31,7% / 19,4% [14] |
| Islas Caimán 2023 | 18–69 años; STEPS | 32,7% (30,0–35,3) | 41,1% / 24,6% [15] |
Los intervalos reproducen los publicados para el total. Las cifras por sexo son estimaciones puntuales. Todos los porcentajes corresponden a la encuesta indicada, no a 2026. Para Caimán se verificó el texto indexado del informe oficial; la descarga directa no estuvo disponible. No se calcularon intervalos nuevos ni una media entre países.
Figura 2 Diferencias por sexo dentro de ocho encuestas locales. Los puntos se conectan únicamente dentro de cada encuesta. Las poblaciones y fechas difieren y no se ajustaron a una edad común. Caimán se conserva en la tabla, pero se excluye del gráfico principal por la limitación de recuperación directa del documento. [1, 2, 3, 10, 11, 12, 13, 14]
En las ocho encuestas representadas, la estimación femenina supera la masculina. Esto orienta a examinar oportunidades de prevención y tratamiento en mujeres, sin atribuir toda la diferencia a biología ni asumir menor necesidad de atención en hombres. La composición etaria, las trayectorias reproductivas, la distribución de trabajo y cuidados y los contextos alimentarios requieren análisis específicos. La comparación más defendible es la que se realiza dentro de cada encuesta.
Costa Rica dispone de una medición relativamente reciente: en 2024, sobrepeso y obesidad alcanzaron conjuntamente 74,6%. Este resultado no debe confundirse con 74,6% de obesidad. La fecha del documento técnico es 2025 y su disponibilidad en repositorio es posterior; esa secuencia ilustra por qué medición, publicación e incorporación a un repositorio deben registrarse por separado. [1]
Heterogeneidad territorial y poblaciones menos visibles
En Puerto Príncipe, un estudio de cohorte poblacional con 2966 adultos encontró obesidad en 26,5% de las mujeres y 4,7% de los hombres. Se trata de población urbana haitiana, no de una estimación nacional. La coexistencia de inseguridad alimentaria y obesidad exige evitar que los programas contra desnutrición excluyan la evaluación del exceso de adiposidad. Tampoco puede presumirse que la situación sanitaria posterior a la recolección sea idéntica a la observada en la cohorte. [16]
CAMDI aporta una base histórica en seis países centroamericanos, mediante Belice y sitios de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. El muestreo fue nacional solo en Belice; los demás resultados provinieron de áreas urbanas definidas. El análisis de diabetes incluyó 10 822 encuestados y 7234 participantes con antropometría y laboratorio. Aproximadamente 40% de los casos de diabetes detectados no tenían diagnóstico previo. Este resultado documenta enfermedad metabólica no reconocida en aquellos sitios y años, pero no mide el retraso diagnóstico de obesidad. [17]
La cobertura de esta revisión es desigual. Guatemala aporta estudios longitudinales y de estigma; Honduras, información económica y antecedentes CAMDI; Nicaragua, principalmente ese antecedente urbano. No se recuperó y verificó para esos tres países una encuesta reciente de obesidad en ambos sexos comparable con Costa Rica 2024. Esta limitación de la búsqueda no prueba inexistencia de otros registros. Tampoco se dispone aquí de una síntesis representativa de todos los territorios pequeños del Caribe. La denominación regional expresa el ámbito de la revisión, no exhaustividad territorial.
Niñez, adolescencia y transición al cuidado adulto
Los puntos de corte adultos no deben aplicarse directamente a niños y adolescentes. La vigilancia pediátrica requiere referencias por edad y sexo y debe diferenciar obesidad, sobrepeso y exceso de peso. En Panamá, el informe ENSPA permite examinar grupos pediátricos por separado; sus resultados no deben mezclarse con la prevalencia adulta de 35,3%. Una revisión regional necesita además reconocer que encuestas escolares excluyen a quienes están fuera del sistema educativo. [2]
La experiencia del tratamiento adolescente está documentada, aunque con muestras pequeñas. En San Juan, Puerto Rico, ocho adolescentes de 15–17 años describieron dificultades relacionadas con esfuerzo físico, apoyo familiar y de entrenadores, alimentos disponibles y emociones durante los intentos de perder peso. Su diseño fenomenológico permite comprender barreras, pero no estimar su frecuencia. El paso a servicios de adultos debería conservar apoyo familiar cuando sea apropiado, autonomía progresiva y seguimiento de salud mental. [18]
Carga clínica y complicaciones
Multimorbilidad cardiometabólica
El informe costarricense de multimorbilidad publicado en 2025 analizó mediciones de 2018. Entre personas con obesidad, hipertensión diagnosticada, diabetes diagnosticada y dislipidemia fueron más frecuentes que entre quienes no tenían obesidad. La multimorbilidad, definida en ese informe a partir de condiciones cardiometabólicas seleccionadas, fue 30,0% frente a 13,1%. El contraste es transversal y no ajustado en la figura: no estima casos prevenibles al tratar la obesidad ni demuestra causalidad. [19]
Figura 3 Condiciones cardiometabólicas en Costa Rica según presencia de obesidad. Datos de 2018 publicados en 2025. HTA 47,6% frente a 24,5%; diabetes diagnosticada 16,0% frente a 8,1%; dislipidemia 33,5% frente a 23,9%; multimorbilidad 30,0% frente a 13,1%. Categorías no excluyentes y asociaciones no ajustadas. [19]
Estos resultados sugieren que la consulta por peso debe coordinarse con el cuidado de presión arterial, glucemia y lípidos. También muestran la insuficiencia de clasificar éxito solo por kilogramos: una intervención puede tener valor por mejorar función, control metabólico, síntomas o calidad de vida. Para estimar incidencia de complicaciones o reducción de hospitalizaciones se necesita seguimiento; los porcentajes de coexistencia no proporcionan esa información.
En Jaruco, Cuba, un estudio publicado en 2024 evaluó 3737 adultos con al menos un factor de riesgo de diabetes y sin diagnóstico previo de diabetes o prediabetes. Detectó disglucemia en 34,5%: prediabetes en 28,1% y diabetes no reconocida en 6,4%. No es una muestra nacional ni integrada exclusivamente por personas con obesidad. La sensibilidad de las escalas evaluadas fue insuficiente para sustituir las pruebas diagnósticas. El hallazgo apoya estudiar la detección de complicaciones durante el contacto asistencial y recuerda que un puntaje de riesgo negativo no excluye enfermedad. [20]
Hígado, sueño, función física y salud reproductiva
La evidencia guatemalteca de esteatosis estimada, la coexistencia de anemia y exceso de peso en Panamá y los resultados de series bariátricas caribeñas amplían la visión de carga más allá de diabetes. Sin embargo, no permiten establecer frecuencias regionales de fibrosis hepática avanzada, apnea obstructiva del sueño, infertilidad o enfermedad renal atribuible a obesidad. Una serie quirúrgica selecciona personas con mayor gravedad y acceso a intervención; una ecuación metabólica identifica sospecha; una encuesta caracteriza una población específica. [7, 9, 21]
La evaluación clínica debe explorar capacidad para caminar, trabajar, dormir y realizar actividades habituales, además de síntomas de complicaciones. Las barreras de movilidad o dolor pueden dificultar tanto la actividad física como la asistencia a consultas. Esta relación bidireccional es relevante para diseñar programas, pero la revisión no identificó una estimación local comparable de años vividos con discapacidad específicamente debidos a obesidad. La ausencia de una medida no reduce la importancia de ese desenlace; identifica una necesidad de investigación.
El recorrido del paciente
Reconocimiento y primera conversación clínica
El estudio ECHORN analizó 1803 adultos de 40 años o más de Barbados, Trinidad, Puerto Rico e Islas Vírgenes estadounidenses, reclutados en 2013–2016. Subestimaron su categoría de peso 54% de quienes tenían sobrepeso y 23% de quienes tenían obesidad clase I. La subestimación se asoció con menores probabilidades de intentar perder peso. El desenlace fue percepción y conducta declarada, no diagnóstico profesional ni tiempo hasta tratamiento. En islas grandes, la muestra procedía de comunidades seleccionadas; no representa una prevalencia caribeña única. [22]
La interpretación asistencial es que comunicar el riesgo requiere conversación y contexto. Corregir una discrepancia entre IMC y autopercepción no exige imponer un ideal estético ni inducir vergüenza. Resulta más útil explicar los hallazgos metabólicos o funcionales, solicitar permiso para conversar sobre peso y acordar objetivos relevantes para la persona. La apreciación del propio cuerpo y el reconocimiento de una condición clínica son dimensiones relacionadas, pero no equivalentes.
Diagnóstico apropiado y estadificación
El diagnóstico contemporáneo exige confirmar exceso de adiposidad y valorar si existe disfunción orgánica o limitación funcional asociada. La Comisión de The Lancet de 2025 distingue obesidad clínica y preclínica; es un marco de consenso internacional, no una clasificación validada mediante cohortes regionales en esta revisión. El IMC sigue siendo útil para tamizaje y vigilancia, mientras cintura, distribución de grasa, contexto clínico y función ayudan a caracterizar a la persona. No se requiere una tecnología avanzada en todos los casos ni debe atribuirse automáticamente todo síntoma al peso. [23]
El acceso a una evaluación apropiada debería incluir historia de peso y tratamientos, medicación que pueda favorecer aumento ponderal, alimentación, actividad, sueño, salud mental, función y evaluación de complicaciones según riesgo. Las pruebas deben responder a una pregunta clínica; no corresponde imponer un panel molecular de lipotoxicidad sin validación. La sospecha de trastornos endocrinos secundarios, trastornos de la conducta alimentaria u otras causas de síntomas requiere evaluación diferenciada. La guía panameña permite organizar este abordaje dentro de la atención local. [24]
Derivación, inicio de tratamiento y continuidad
La evaluación CCSS de 2024 registró profesionales de nutrición en 65 de 105 áreas de salud. En el programa grupal de síndrome metabólico, 16% de los participantes completó al menos cinco sesiones. El informe describe dificultades de espacios, continuidad y registro de resultados en EDUS. Estos indicadores corresponden a áreas y programas específicos: no constituyen la proporción nacional de personas con obesidad tratadas ni una cascada de los mismos pacientes. [4]
Figura 4 Recorrido clínico y puntos de pérdida que deben medirse. Es un modelo analítico propuesto a partir de evidencia local, no una cohorte observada ni una escala temporal. Cada transición exige su propia fecha y denominador. Los indicadores ECHORN y CCSS pertenecen a poblaciones distintas y no se multiplican entre sí. [4, 22, 25]
La información disponible permite identificar fricción en el proceso, pero no calcular una mediana regional entre diagnóstico y tratamiento. Una persona puede recibir consejo general sin un plan estructurado, ser derivada sin llegar a consulta, iniciar tratamiento y suspenderlo por costo o efectos adversos, o continuar seguimiento sin evaluación de resultados. Distinguir esas situaciones evita denominar falta de adherencia a todo contacto perdido y atribuir al paciente lo que puede depender de la organización del servicio.
| Intervalo | Resultado de esta revisión | Medición necesaria |
|---|---|---|
| Primer hallazgo de adiposidad a reconocimiento clínico | Sin estimación regional verificable; percepción del peso no equivale a diagnóstico | Fecha de primera antropometría elegible y de diagnóstico documentado |
| Diagnóstico a evaluación de complicaciones | Estudios transversales detectan enfermedad no reconocida, pero no duración del retraso | Fecha de solicitud, realización, resultado y comunicación |
| Elegibilidad a inicio de tratamiento estructurado | Capacidad y continuidad parcialmente documentadas; sin mediana comparable | Fecha de decisión, autorización y primera intervención efectiva |
| Indicación quirúrgica a cirugía | Evidencia institucional de listas e iniciativas; sin distribución bariátrica homogénea recuperada | Fecha de indicación, lista, cancelaciones y procedimiento |
| Inicio a pérdida de seguimiento o suspensión | Información cualitativa y de programas; sin estimación regional de persistencia | Visitas, dispensaciones, razones de suspensión y reinicio |
La tabla diferencia ausencia de un estimado en esta revisión de ausencia de demora en la práctica. Tampoco establece plazos clínicos universales. Las urgencias y las complicaciones que requieran atención inmediata deben seguir sus rutas propias; no corresponde posponerlas hasta completar un programa de reducción de peso.
Estigma, cultura y desigualdad
Evidencia directa en Centroamérica y el Caribe
En Guatemala, un análisis de 12 074 mujeres en edad reproductiva de la encuesta maternoinfantil 2008–2009 vinculó las burlas relacionadas con el peso con malestar psicológico. El estigma afectaba tanto a mujeres con bajo peso como con exceso de peso. Este resultado cuestiona el supuesto de que contextos con desnutrición toleran de manera uniforme todos los cuerpos grandes. Su naturaleza observacional impide estimar cuánto del malestar fue causado específicamente por las burlas. [26]
En Kingston, Jamaica, un estudio piloto combinó una encuesta en 19 universitarios con 20 entrevistas etnográficas a jóvenes. Identificó significados del cuerpo relacionados con aceptación social y oportunidades económicas, sin un único ideal corporal ni una asociación simple entre riqueza y estigma. La escala pequeña impide cuantificar prevalencia, pero aporta contexto para interpretar mensajes que asumen que una preferencia cultural por cuerpos grandes elimina discriminación. [27]
Una investigación cualitativa de 2026 realizó diez grupos focales con 71 participantes (37 mujeres y 34 hombres) de comunidades de bajos ingresos en dos municipios del sur de Puerto Rico. Examinó factores psicológicos, económicos y culturales por sexo. Sus resultados describen obstáculos vinculados al costo, alfabetización en salud, acceso a especialistas, experiencias emocionales y normas corporales. El análisis muestra por qué una recomendación nutricional puede ser difícil de sostener en el entorno cotidiano. Las frecuencias de códigos cualitativos no son prevalencias de barreras en Puerto Rico. [28]
Estigma en mensajes institucionales
Un análisis documental publicado en 2026 evaluó guías alimentarias de 13 países y cuatro documentos técnicos. Dentro del Caribe incluyó Barbados, Granada, Guyana, Jamaica y San Vicente y las Granadinas; no incluyó países centroamericanos. Identificó contenidos que podían reforzar sesgos por peso y destacó un enfoque ambiental más inclusivo en San Vicente y las Granadinas. Se trata de una evaluación interpretativa de documentos, no de experiencias reportadas por pacientes ni de una medición de discriminación clínica. [29]
La implicación para los servicios es concreta: lenguaje respetuoso, equipos físicos adecuados, privacidad al medir y decisiones compartidas. La comunicación sobre riesgo puede ser precisa sin convertir tamaño corporal en juicio moral. A su vez, evitar el estigma no implica omitir diagnóstico o tratamiento cuando hay indicación. Lo que falta medir localmente es la relación temporal entre experiencias discriminatorias, postergación de consultas, abandono, salud mental y resultados clínicos.
Tratamiento y distancia entre evidencia y acceso
Atención longitudinal adaptada al contexto
El tratamiento apropiado no se reduce a una receta ni a una recomendación aislada de dieta y ejercicio. Requiere objetivos acordados, intervención nutricional factible, actividad ajustada a función, apoyo conductual y seguimiento de complicaciones. La respuesta debe valorarse por resultados clínicos y funcionales, tolerabilidad y persistencia. Los hallazgos de Puerto Rico y de atención primaria costarricense muestran que la disponibilidad de un consejo no garantiza condiciones para ejecutarlo. [4, 18, 28]
En Costa Rica, el Ministerio de Salud comunicó la publicación del Decreto 44780-S en enero de 2025, que reconoce la obesidad como enfermedad crónica de importancia de salud pública y oficializa una norma de atención integral. Panamá publicó una guía de práctica clínica en 2025 y aprobó su utilización en el sistema público en marzo de 2026. Estos avances permiten estudiar implementación, pero su existencia no demuestra cobertura efectiva, dispensación farmacológica, suficiencia de personal ni reducción de tiempos. [24, 30, 31]
Farmacoterapia y evidencia internacional pertinente
Los ensayos internacionales ofrecen una referencia de eficacia, no una estimación del efecto real en la región. En STEP 1, realizado en adultos sin diabetes, semaglutida 2,4 mg semanal produjo una variación media de peso de −14,9% frente a −2,4% con placebo a 68 semanas, junto con intervención de estilo de vida. El diseño y la población elegible deben conservarse al interpretar el resultado; no describe persistencia bajo financiamiento público centroamericano. [32]
En SURMOUNT-1, también en adultos sin diabetes, tirzepatida alcanzó reducciones medias de peso de −15,0%, −19,5% y −20,9% con 5, 10 y 15 mg, respectivamente, frente a −3,1% con placebo a 72 semanas. SELECT, por su parte, mostró reducción de eventos cardiovasculares mayores con semaglutida en personas con sobrepeso u obesidad y enfermedad cardiovascular establecida, sin diabetes: HR 0,80 (IC95% 0,72–0,90). No es prevención primaria ni prueba de igual efectividad en todas las personas con obesidad. No se realiza una comparación indirecta entre fármacos. [33, 34]
| Intervención | Información relevante para decidir | Brecha local que debe resolverse |
|---|---|---|
| Nutrición actividad y apoyo conductual | Intensidad, pertinencia cultural, horarios, función y seguimiento | Capacidad, asistencia y resultados de programas comparables |
| Farmacoterapia antiobesidad | Indicación, contraindicaciones, tolerabilidad, continuidad y objetivos | Registro por producto, disponibilidad, cobertura, copago y persistencia por país |
| Cirugía metabólica y bariátrica | Gravedad, elegibilidad, riesgo perioperatorio y seguimiento nutricional | Tiempos desde indicación, volumen, complicaciones y seguimiento a largo plazo |
| Tratamiento de complicaciones | Riesgo cardiovascular, diabetes, hígado, sueño, función y salud mental | Coordinación entre niveles y tiempo hasta evaluación o intervención |
La revisión no verifica una cobertura farmacológica uniforme por país ni un precio regional. Registro sanitario, comercialización, indicación aprobada y financiamiento son hechos distintos. Un producto utilizado para diabetes no debe describirse automáticamente como autorizado o cubierto para obesidad. Los ensayos tampoco permiten calcular el impacto presupuestario local sin población elegible, costos de adquisición, persistencia y capacidad asistencial.
Cirugía y resultados locales
Una serie de Trinidad y Tobago registró 218 personas operadas entre julio de 2003 y junio de 2011, con 22 pérdidas de seguimiento y 196 incluidas en el análisis final. Reportó estancia media de 1,9 días y ausencia de mortalidad en la serie. Para complicaciones mayores a 90 días publicó 9/197 (4,6%), un denominador discrepante respecto del tamaño analítico; se conserva esa inconsistencia como limitación de precisión. La diabetes se describió como resuelta en 52 de 61 pacientes. Son resultados de un centro, con selección, técnicas y definiciones históricas; el término resolución no equivale necesariamente a remisión según criterios actuales. La estancia posoperatoria no informa cuánto esperaron los pacientes antes de operarse. [21]
En julio de 2025, la CCSS anunció una estrategia para más de 600 pacientes que combinaba cirugías de hernia, vesícula y bariátrica. La información confirma una intervención institucional sobre listas, pero no permite afirmar que se realizaron 600 cirugías bariátricas ni calcular la espera media específica. Una evaluación útil debería publicar número elegible, intervenido, pendiente, cancelaciones y evolución por procedimiento, con fechas y criterios de priorización. [25]
Carga económica y hospitalaria
Costos locales que sí pueden cuantificarse
CEPAL publicó en 2024 una síntesis de modelos de doble carga de malnutrición. Para aislar la pregunta de este artículo se extrajo únicamente el componente de sobrepeso y obesidad en adultos, sin añadir costos de desnutrición infantil. Los resultados corresponden a años económicos anteriores, no a precios ni gasto observado de 2026. La tabla 5 conserva las cifras del modelo; pequeñas diferencias en sumas reflejan redondeos de la fuente. [35]
| País y año económico | Costo sanitario millones USD | Costo total millones USD | Total como porcentaje del PIB |
|---|---|---|---|
| El Salvador 2017 | 805 | 855 | 3,4% |
| Guatemala 2018 | 3717 | 3814 | 5,2% |
| Honduras 2017 | 283 | 336 | 1,5% |
| República Dominicana 2017 | 1416 | 1461 | 1,9% |
Fuente: cuadros 2–3, p. 27, CEPAL 2024. Dólares corrientes del año de estudio. Total incluye costo sanitario y pérdidas de productividad. No es costo exclusivo de obesidad, ni exclusivamente hospitalario, ni una comparación a precios constantes. [35]
Qué no puede atribuirse a diagnóstico o tratamiento tardío
La coexistencia de obesidad y hospitalización no demuestra que una atención anterior hubiera evitado el ingreso. Para estimar ese efecto se necesita una comparación entre estrategias, con gravedad inicial, comorbilidades, acceso y exposición terapéutica adecuadamente medidas. El diagnóstico administrativo de obesidad puede estar ausente en una hospitalización por insuficiencia cardíaca o infección, y puede registrarse con mayor frecuencia cuando la atención es más intensiva. Ese mecanismo produce sesgos si se comparan únicamente códigos presentes frente a ausentes.
Esta revisión no encontró una estimación local verificable y comparable del costo incremental de hospitalización causado por diagnóstico erróneo de obesidad o tratamiento tardío. Por ello, no se asigna un monto a ese concepto. Tampoco se transforman costos modelados de sobrepeso y obesidad en ahorros garantizados de una intervención. Los datos de estancia quirúrgica describen un episodio específico y no pueden utilizarse como duración de hospitalización por complicaciones de obesidad en general.
Un estudio regional posterior podría enlazar registros ambulatorios, dispensación, egresos y costos. La fecha cero debería ser una oportunidad clínica documentada, como elegibilidad para una intervención, y la exposición debe tratarse como variable temporal cuando corresponda. Sería necesario evitar tiempo inmortal, confusión por indicación y selección de quienes logran regresar a consulta. Los desenlaces incluirían ingresos, días hospitalarios, uso de cuidados intensivos, costos, función y mortalidad. Estas son propuestas metodológicas de la revisión, no resultados observados.
Prevención estructural y condiciones del tratamiento
En Barbados, una evaluación observacional del impuesto de 10% a bebidas azucaradas encontró una reducción de 4,3% en ventas de esas bebidas frente al escenario esperado sin impuesto y aumento de 5,2% en bebidas no azucaradas. El estudio utilizó ventas de una cadena comercial y series temporales. No midió una reducción causal de obesidad ni demuestra igual respuesta en toda la región; aporta evidencia local sobre una intervención del entorno alimentario. [36]
La política poblacional y el cuidado clínico responden a momentos distintos del problema. Mejorar entornos alimentarios no sustituye la atención a una persona con complicaciones, y ampliar tratamientos no elimina las condiciones que favorecen aumento de adiposidad. En países insulares y territorios con diferencias de transporte, oferta alimentaria o capacidad hospitalaria, la adaptación exige datos específicos. Una estrategia regional útil debe permitir variación nacional y subnacional y evaluar quién se beneficia y quién continúa excluido.
Agenda regional de investigación e implementación
La evidencia identificada sugiere tres preguntas prioritarias: cuánto tiempo transcurre entre oportunidad diagnóstica y atención efectiva; qué barreras explican pérdida de continuidad; y qué cambios de atención reducen complicaciones, discapacidad o utilización hospitalaria. Estas preguntas deben formularse con pacientes y equipos locales. Agregar nuevas encuestas de prevalencia sin vincularlas a servicios dejaría incompleta la explicación de la carga.
| Dominio | Variables mínimas | Resultado que permitiría estimar |
|---|---|---|
| Identificación y fenotipo | Edad, sexo, territorio, peso, talla, cintura, función, complicaciones y fechas | Detección y estadificación; diferencias sociales y territoriales |
| Trayectoria de atención | Primer hallazgo, diagnóstico, derivación, cita realizada, decisión e inicio | Medianas e intervalos de tiempo con personas aún en espera censuradas |
| Tratamiento | Modalidad, indicación, dosis cuando proceda, dispensación, continuidad y suspensión | Inicio, persistencia y cambio de tratamiento |
| Experiencia | Estigma, calidad de vida, objetivos, costo de bolsillo, transporte y trabajo | Barreras reportadas y asociación temporal con continuidad |
| Resultados | Peso, función, presión, glucemia, lípidos, eventos, hospitalización y muerte | Efectividad clínica, seguridad y utilización de servicios |
| Economía | Costos unitarios, perspectiva, moneda, año y costos no médicos | Costo por episodio y costo incremental con incertidumbre |
Las variables propuestas no deben convertirse en una barrera documental para recibir atención. Un registro mínimo puede empezar con fechas y desenlaces factibles y ampliarse progresivamente. Conviene publicar resultados por país, sexo y territorio, con protección de datos y denominadores claros. Los indicadores de calidad deberían valorar además la atención respetuosa y la continuidad, sin penalizar servicios que atienden poblaciones más complejas.
La adopción de las normas de Costa Rica y Panamá ofrece una oportunidad de evaluación: medir implementación antes y después, con grupos de comparación cuando sean viables. Una reducción de tiempo hasta atención debe acompañarse de resultados clínicos y experiencia del paciente; aumentar códigos diagnósticos o número de recetas, por sí solo, no demuestra mejor salud. Las series de tiempo de servicios requieren examinar cambios de cobertura, personal y registro que puedan explicar variaciones.
Discusión
La contribución regional más clara emerge al conectar fuentes con funciones distintas. La antropometría poblacional muestra magnitud; los estudios metabólicos, complejidad; la investigación de estigma, experiencia; los registros institucionales, capacidad y continuidad; y los modelos económicos, consecuencias potenciales para sistemas y hogares. Ninguna fuente aislada describe el recorrido completo. El valor de integrarlas consiste en formular relaciones plausibles y preguntas verificables, manteniendo visibles las discontinuidades de evidencia.
El hallazgo transversal es una distancia entre la posibilidad de identificar exceso de adiposidad y la capacidad de sostener una respuesta clínica completa. Esta interpretación se apoya en percepción del peso en ECHORN, enfermedad metabólica no reconocida en CAMDI y Jaruco, y dificultades de programas nutricionales en Costa Rica. No representa una estimación conjunta ni permite cuantificar el retraso promedio. Es una hipótesis de organización asistencial sustentada en observaciones convergentes de poblaciones diferentes.
La perspectiva de género necesita mayor precisión. Las encuestas muestran diferencias por sexo, mientras las investigaciones cualitativas sugieren mecanismos sociales que pueden modificar reconocimiento, acceso y experiencia. Los resultados no autorizan a asumir que todas las mujeres encuentran las mismas barreras ni que los hombres tienen menor riesgo individual. La edad, el nivel socioeconómico, la pertenencia étnica, el lugar de residencia y la función deberían evaluarse conjuntamente en estudios futuros.
También debe evitarse que el entusiasmo terapéutico desplace preguntas sobre accesibilidad y seguimiento. La eficacia de tratamientos contemporáneos está documentada en ensayos, pero sus beneficios reales dependen de indicación, inicio, continuidad, tolerabilidad y coordinación con el cuidado de complicaciones. En la región, esas dimensiones requieren evaluación propia. La investigación de efectividad no debería limitarse a centros privados o a personas capaces de sostener pagos prolongados.
El estado del arte tiene límites importantes. La búsqueda no fue exhaustiva, la evidencia reciente se concentra en determinados países y varias contribuciones relevantes utilizan datos antiguos. Algunas fuentes tienen denominadores ambiguos o erratas; se excluyeron cifras cuya interpretación no era suficientemente clara. Los modelos económicos aplican supuestos y años distintos. La revisión tampoco permite cuantificar mortalidad, DALYs o hospitalización atribuibles a obesidad para toda Centroamérica y el Caribe. Presentar esa incertidumbre es necesario para que el manuscrito sea una base de investigación útil y no una aparente precisión regional.
Conclusiones
Centroamérica y el Caribe disponen de evidencia local suficiente para mostrar una carga importante de obesidad, desigualdad por sexo, complejidad metabólica, experiencias de estigma y obstáculos de atención. Su distribución geográfica y temporal es irregular. El siguiente avance debe ser medir el paso desde la identificación de adiposidad hasta evaluación clínica, intervención y seguimiento, con resultados relevantes para pacientes y sistemas.
La prioridad científica no consiste en importar una cifra de demora ni en atribuir automáticamente costos hospitalarios a tratamiento tardío. Consiste en vincular datos locales de población, servicios y resultados para probar esas relaciones. La fisiopatología orienta qué buscar; las encuestas muestran a quiénes afecta; la experiencia del paciente y los registros de atención permiten entender por qué el tratamiento puede no llegar o no sostenerse.
Declaraciones editoriales
Autoría. Manuscrito preparado para Dr. Ariel Wong Mendieta, MSc en Epidemiología Clínica y Salud Pública, PhD candidate. La afiliación, correspondencia, contribuciones finales, financiamiento y declaración de conflictos de interés requieren información y aprobación del autor antes de envío a una revista. No se declara ausencia de conflictos ni financiamiento sin confirmación.
Asistencia de inteligencia artificial. Se utilizó inteligencia artificial para apoyar búsquedas, extracción, síntesis, redacción y creación de figuras originales. La responsabilidad del contenido y su aprobación editorial corresponden al autor humano. No se recolectaron datos individuales nuevos ni se realizó una investigación clínica primaria.
Disponibilidad y trazabilidad. El Excel acompañante contiene el manuscrito integrado, sus tablas, referencias con enlaces y notas de verificación, datos de las figuras cuantitativas e imágenes. Constituye una síntesis de resultados publicados, no microdatos de participantes. No se atribuye al autor la generación de los datos originales.
Anexo de verificación y decisiones de extracción
En Panamá se conservaron las cifras ENSPA de 35,3% de obesidad y 71,7% de exceso de peso, sin sustituirlas por comunicados. En Jamaica se distinguió obesidad de IMC ≥25; en Trinidad y Tobago se retuvo la definición STEPS para 15–64 años. El reanálisis costarricense de multimorbilidad se identificó como mediciones de 2018. [2, 3, 14, 19]
Los costos CEPAL conservan años, moneda y componente de sobrepeso y obesidad, sin añadir desnutrición ni actualizar precios. La iniciativa quirúrgica de la CCSS incluye varios procedimientos; el desenlace hepático guatemalteco procede de una ecuación. [7, 25, 35]
Títulos, DOI y enlaces se cotejaron con documentos, editores o registros bibliográficos. Las consultas limitadas al resumen utilizan solo resultados allí disponibles. Se documentaron la descarga fallida de Caimán y las redirecciones institucionales. La verificación de referencias no equivale a auditoría de microdatos; el Excel identifica el alcance de cada consulta.
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